La esmeralda es una de las piedras más antiguas y deseadas de la joyería. Su verde intenso viene de pequeñas cantidades de cromo y vanadio dentro del berilo, y ese color, cuando es profundo y vivo, es lo que más pesa en su valor.
El jardín: la firma de cada piedra
Casi todas las esmeraldas naturales tienen inclusiones visibles con lupa —a veces a simple vista—. En el oficio se las llama jardín, porque recuerdan hojas, ramas o burbujas atrapadas en el cristal. Dos esmeraldas nunca tienen el mismo jardín.
En una esmeralda, una pureza perfecta es tan rara que suele levantar sospechas.
Qué mirar al elegir una
- Color: un verde intenso, ni muy claro ni casi negro.
- Brillo: que la luz se mueva dentro de la piedra al girarla.
- Talla: la talla esmeralda —rectangular con esquinas cortadas— protege la piedra y luce su color.
- Tratamientos: es habitual aceitar las esmeraldas para mejorar su aspecto. Lo importante es que te lo informen.

Cómo cuidarla
Su dureza (7,5 a 8) es buena, pero las inclusiones la hacen más sensible a los golpes y a los cambios bruscos de temperatura. Límpiala con agua tibia y jabón neutro, y nunca con ultrasonido ni vapor. Más consejos en Cuidado de tus joyas.